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Síndrome de Burnout o de desgaste profesional: Síntomas, Diagnóstico y tratamiento

El Síndrome de Burnout, también conocido como síndrome del trabajador quemado o desgaste profesional, se ha convertido en una patología crecientemente reconocida y estudiada en el ámbito ocupacional. Su relevancia radica en la creciente incidencia que presenta en distintos sectores laborales y su considerable impacto en el bienestar y la salud de los trabajadores.

Trabajador agotado por Sindrome de Burnout

¿Qué es el Síndrome de Burnout?

El Síndrome de Burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental provocado por el estrés laboral crónico y prolongado. Se caracteriza por tres componentes principales: un sentimiento de agotamiento extremo que reduce la capacidad para enfrentar las demandas cotidianas, una actitud cínica o negativa hacia el trabajo y las personas con las que se interactúa, y una sensación de ineficacia o falta de realización profesional.

A menudo afecta a personas en ocupaciones de alto compromiso y responsabilidad, como el sector de la salud y la educación, llevando a consecuencias negativas tanto para la salud del individuo como para su entorno laboral y personal.

Dibujo de mujer con sindrome de Burnout sentada delante de un laptop

El Burnout y la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incorporado el Síndrome de Burnout en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) y lo define como un «síndrome conceptualizado como resultado del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito. Se manifiesta a través de tres dimensiones: la sensación de agotamiento o decaimiento de la energía, el aumento de la distancia mental con el trabajo o sentimientos de negativismo o cinismo relacionados con el trabajo, y la reducción de la eficacia profesional».

El Síndrome de Burnout no surge de improviso; es el resultado de un estrés laboral continuado, asociado muchas veces a una carga de trabajo excesiva, falta de control sobre las tareas, ausencia de recompensas adecuadas, desequilibrio en las relaciones comunitarias, ausencia de equidad, y valores desajustados entre el individuo y la organización. Su abordaje es necesario dado que puede llevar a consecuencias graves como el deterioro de la salud mental y física, incluyendo afecciones como depresión, ansiedad, insomnio, enfermedades cardíacas, entre otras, y también afecta negativamente a la productividad y el ambiente laboral y con repercusiones en la vida social y familiar de los afectados.

Síntomas del Síndrome de Burnout

El Síndrome de Burnout puede manifestarse a través de una serie de síntomas que, aunque a veces son sutiles y fáciles de pasar por alto, resultan ser señales de alerta cruciales. La identificación temprana de estos síntomas es esencial para la prevención y el tratamiento oportuno, minimizando así el riesgo de consecuencias a largo plazo que puedan impactar no solo en el ámbito profesional sino también en el personal y social.

Trabajador cansado debido al sindrome de Burnout

Cansancio Emocional

El primer y más evidente síntoma de Burnout es un estado persistente de cansancio emocional. Se caracteriza por la sensación de estar emocionalmente drenado y exhausto debido al trabajo. Los afectados a menudo se sienten abrumados y agotados por las demandas emocionales de su labor, y pueden experimentar una falta de energía que no mejora con el descanso.

Despersonalización

Otro síntoma del Burnout es la despersonalización, que se refiere a la sensación de distanciamiento emocional y a menudo negativa hacia los demás. En el contexto laboral, esto se puede traducir en una actitud cínica o excesivamente crítica hacia los colegas y clientes, un mecanismo de defensa contra el estrés. Los individuos pueden adoptar una visión deshumanizada de quienes les rodean, percibiéndolos como objetos o problemas en lugar de seres humanos.

Sentimiento de Ineficacia y Falta de Realización Personal

Un tercer síntoma importante es el sentimiento de ineficacia y falta de realización personal en el trabajo. Las personas afectadas por el Burnout a menudo experimentan una disminución en la satisfacción y en la percepción de su eficacia profesional. Sienten que su trabajo no es valioso o no reconocen sus logros, lo que conduce a una disminución en la motivación y en el sentido de logro personal.

Otros Síntomas del Burnout

Además de estos tres síntomas principales, existen otras señales que pueden indicar la presencia del Síndrome de Burnout:

  • Irritabilidad: Aumento de la irritabilidad con los compañeros de trabajo o en el hogar.
  • Retirada Social: Tendencia a aislarse y alejarse del equipo o de las actividades sociales.
  • Problemas de Concentración: Dificultades para mantener la concentración en las tareas o tomar decisiones.
  • Cambios en el Sueño: Insomnio o, por el contrario, un aumento en la necesidad de dormir.
  • Problemas Físicos: Dolores de cabeza, dolores musculares, trastornos digestivos y otros síntomas somáticos.
  • Cambio en los Hábitos Alimenticios: Pérdida o aumento del apetito.
  • Importancia de la Identificación Temprana
Dibujo de hombre abrumado por la tencologia y sindrome de Burnout

Identificar estos síntomas a tiempo es crucial porque la intervención temprana puede prevenir el avance a etapas más graves del Síndrome de Burnout, y reducir el impacto en la salud física y mental del individuo. Intervenir en las primeras fases del síndrome aumenta la eficacia del tratamiento y facilita la recuperación del bienestar y la eficiencia en el trabajo.

Fases del Síndrome de Burnout

El Síndrome de Burnout, como ya se ha mencionado, es un proceso gradual que evoluciona a través de distintas fases. La comprensión de estas etapas es fundamental para identificar y actuar frente al síndrome de manera efectiva. A continuación, se describirán las fases que componen el proceso de desarrollo del Burnout.

Fase Inicial: El Entusiasmo Desmedido

El comienzo de la trayectoria hacia el Burnout puede ser paradójicamente un período de gran entusiasmo. Los individuos se involucran en sus labores con una dedicación y un compromiso excepcionales, a menudo impulsados por ideales elevados y expectativas de gran alcance. Durante esta etapa, los trabajadores están dispuestos a asumir grandes cargas de trabajo y a dedicar horas adicionales, todo ello con una energía aparentemente inagotable.

Fase de Estancamiento: La Meseta del Rendimiento

Con el paso del tiempo, la intensidad y el ímpetu inicial comienzan a decrecer. Los trabajadores pueden empezar a notar que sus esfuerzos excesivos no se traducen en resultados proporcionales. Las recompensas (como el reconocimiento, los ascensos o las mejoras salariales) pueden ser menores a las esperadas, generando desilusión y cuestionamiento acerca del valor real de su trabajo.

Fase de Frustración: El Cuestionamiento del Propósito

A medida que la fase de estancamiento se prolonga, el trabajador puede enfrentar una fase más intensa de frustración. La falta de satisfacción en el trabajo y la sensación de no estar cumpliendo con las expectativas propias y ajenas se vuelven más pronunciadas. Aquí, comienza a cuestionarse si el trabajo tiene algún significado o si los sacrificios realizados valen la pena.

Fase de Apatía: La Desconexión del Trabajo

La apatía representa una etapa avanzada en la evolución del Burnout. Los trabajadores pueden llegar a un punto en el que se sienten desconectados de su labor y de sus compañeros. La despersonalización se hace más evidente: tratan las tareas con desdén y pueden adoptar un comportamiento mecánico y desinteresado. El sentido de ineficacia se acrecienta, y la falta de realización personal se convierte en una constante.

Es probable que durante esta fase, se manifiesten también síntomas físicos y psicológicos graves, como trastornos del sueño, dolores musculares, ansiedad y depresión. La salud general del trabajador puede deteriorarse notablemente, afectando su calidad de vida tanto dentro como fuera del ambiente laboral.

Fase de Colapso: El Punto de Quiebra

El colapso se caracteriza por ser el momento en que la persona no puede continuar funcionando en su rol laboral debido al agotamiento extremo. Este punto de quiebre puede llevar a la baja laboral y a la necesidad de un tratamiento integral para recuperar la salud.

Diagnóstico del Síndrome de Burnout

Para el diagnóstico eficaz del Síndrome de Burnout es esencial comprender que este no es una enfermedad en sí misma, sino un conjunto de síntomas y reacciones consecuencia del estrés laboral crónico que puede encaminar al desarrollo de enfermedades físicas y trastornos mentales diagnosticables.

Herramientas de Diagnóstico

Maslach Burnout Inventory (MBI)

El Maslach Burnout Inventory (MBI) es la herramienta más reconocida y ampliamente utilizada para medir el Burnout. Desarrollado por Christina Maslach y Susan E. Jackson a finales de la década de 1970, el MBI evalúa tres componentes claves del síndrome:

  • Agotamiento emocional: Mide sentimientos de estar emocionalmente exhausto y sobrecargado de trabajo.
  • Despersonalización: Evalúa una respuesta negativa o insensible hacia los beneficiarios del servicio (clientes, pacientes, estudiantes, etc.).
  • Baja realización personal: Valora la sensación de competencia y logro exitoso en el trabajo.

El MBI se presenta en varias formas, adaptadas para diferentes sectores profesionales, como el MBI-Human Services Survey para trabajadores de servicios humanos y el MBI-Educators Survey para educadores.

Copenhagen Burnout Inventory (CBI)

El Copenhagen Burnout Inventory (CBI) es otro cuestionario que mide la fatiga y el agotamiento psíquico percibido como relacionado con el trabajo, el trabajo con personas (burnout interpersonal) y el agotamiento general. Este inventario, que fue desarrollado en Dinamarca, es de acceso libre y a menudo se utiliza en estudios poblacionales.

Cuestionario para la Evaluación del Síndrome de Quemarse por el Trabajo (CESQT)

Diseñado en España, el Cuestionario para la Evaluación del Síndrome de Quemarse por el Trabajo (CESQT) identifica las dimensiones del Burnout en términos de ilusión por el trabajo, desgaste psíquico, indolencia y culpa. Está particularmente enfocado en los profesionales que trabajan en servicios a las personas.

Criterios Diagnósticos

A pesar de la amplia utilización de instrumentos como el MBI, no existen criterios diagnósticos estandarizados universalmente para el Burnout. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el Burnout no se reconoce como un trastorno diagnóstico separado. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), ha incluido el Burnout en la sección de problemas asociados al empleo o desempleo, definiéndolo como un síndrome resultante del estrés crónico en el trabajo que no ha sido gestionado con éxito y se caracteriza por tres dimensiones: sensación de agotamiento, sentimientos de cinismo o negativismo relacionados con el trabajo, y reducción de la eficacia profesional.

Importancia de la Evaluación Profesional

El diagnóstico de Burnout debe ser realizado por un profesional de la salud, como un psicólogo o psiquiatra o un médico psicoterapeuta, que pueda realizar una evaluación completa del individuo y diferenciar entre Burnout y otros trastornos como la depresión, que pueden presentar síntomas superpuestos. Este diagnóstico diferencial es fundamental, ya que el tratamiento y el pronóstico pueden variar considerablemente.

La evaluación profesional además implica considerar el contexto laboral del individuo, incluyendo las condiciones de trabajo, la carga y organización del trabajo, las relaciones con colegas y superiores, y el equilibrio entre vida laboral y personal.

En resumen, el diagnóstico del Síndrome de Burnout se apoya en herramientas validadas y en la evaluación profesional. La identificación de este síndrome permite la implementación de estrategias de intervención adecuadas para mitigar el estrés laboral y promover la salud mental en el lugar de trabajo.

Tratamiento del Burnout

El tratamiento del Síndrome de Burnout debe ser individualizado, ya que cada persona experimenta el síndrome de manera única. A continuación, se exploran las diversas alternativas terapéuticas disponibles para abordar esta condición, destacando su importancia y los fundamentos para su elección.

Intervenciones Psicológicas

Las terapias psicológicas son a menudo la primera línea de tratamiento para el Burnout debido a su enfoque en cambiar patrones de pensamiento y comportamiento que contribuyen al estrés y la insatisfacción laboral.

Terapia Cognitivo-Conductual (TCC):

La TCC es efectiva en el tratamiento del Burnout, ayudando a los individuos a identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos y a desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables.

Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT):

La ACT trabaja con la aceptación de los pensamientos y sentimientos difíciles sin luchar contra ellos, enfocándose en vivir de acuerdo con valores personales y profesionales.

Mindfulness y Meditación:

Las prácticas basadas en mindfulness enseñan a los individuos a mantenerse presentes y atentos, reduciendo así la rumiación y el estrés.

Autogenics:

Autogenics es un método de relajación basado en ejercicios de autosugestión que facilitan la relajación física y mental, y puede ser particularmente útil para quienes sufren de burnout. Sus principios básicos son la autosugestión y la relajación progresiva.

Coherencia Cardíaca:

La coherencia cardíaca es una técnica que implica la sincronización de la respiración y el ritmo cardíaco, llevando al sistema nervioso a un estado de equilibrio. Se basa en el principio de que las emociones positivas promueven un patrón de ritmo cardíaco más coherente, lo que mejora la salud emocional y física.

Persona con sindrome de Burnout recibiendo Terapia Cognitivo Conductual

Cambios en el Estilo de Vida

El tratamiento del Burnout también pasa por hacer cambios significativos en el estilo de vida que promuevan el bienestar general del individuo:

Mujer haciendo ejercicio físico como tratamiento para su sindrome de Burnout

Manejo del Tiempo y las Prioridades:

Es crucial aprender a establecer límites saludables entre el trabajo y la vida personal, así como a priorizar tareas para reducir la sobrecarga de trabajo.

Actividad Física Regular:

El ejercicio físico puede ser un poderoso antídoto contra el estrés, pues libera endorfinas y mejora tanto la salud física como mental.

Dieta Saludable y Sueño Adecuado:

Una nutrición equilibrada y un sueño reparador son esenciales para mantener la energía y la capacidad para afrontar el estrés diario.

Apoyo Social y Profesional

El soporte social es un pilar en la recuperación del Burnout:

Grupos de Apoyo:

Participar en grupos de apoyo donde se comparten experiencias con el Burnout puede proporcionar nuevas perspectivas y estrategias de afrontamiento.

Coaching y Mentoría:

Tener un mentor o coach puede ser beneficioso para desarrollar habilidades de liderazgo y gestión que mejoren la experiencia laboral.

Trabajador recibiendo coaching para tratar su Sindrome de Burnout

Intervenciones en el Lugar de Trabajo

Las organizaciones pueden desempeñar un papel crucial en el tratamiento del Burnout mediante la implementación de cambios estructurales:

Reestructuración del Trabajo:

Esto puede incluir la reducción de las cargas de trabajo excesivas, la clarificación de roles y la promoción de una cultura laboral de apoyo y colaboración.

Programas de Bienestar Corporativos:

Los programas de bienestar que ofrecen servicios como consejería, manejo del estrés y actividades recreativas pueden contribuir al bienestar de los empleados.

Farmacoterapia

Aunque no existe un medicamento específico para el Burnout, se pueden prescribir fármacos para tratar los síntomas asociados:

Antidepresivos:

Pueden ser útiles para tratar la depresión y la ansiedad que a menudo acompañan al Burnout.

Ansiolíticos:

Se recetan para aliviar temporalmente la ansiedad, aunque su uso a largo plazo debe ser cuidadosamente monitoreado.

Prevención del Burnout

La prevención del Síndrome de Burnout exige un enfoque holístico que incluya medidas individuales y organizacionales. A nivel personal, los individuos deben desarrollar habilidades de resiliencia como la gestión del tiempo, la práctica regular de ejercicio físico, el autocuidado y técnicas de relajación y mindfulness para mitigar el estrés, así como una nutrición adecuada y un sueño reparador.

Por otro lado, las organizaciones juegan un papel fundamental en la prevención del Burnout con culturas laborales saludables donde se valore la transparencia y la comunicación efectiva. Implementar políticas de trabajo flexible, ofrecer oportunidades de desarrollo profesional y reconocer el buen desempeño son acciones que contribuyen a un entorno de trabajo positivo.

La adopción de estas medidas a nivel individual y organizacional contribuye significativamente a crear un ambiente laboral sostenible y a reducir la incidencia del Síndrome de Burnout.


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